14 December 2009

Sobre soledades

Hundías la cabeza entre tus hombros desnudos, y tus ojos naufragaban entre el alcohol y los hielos del vaso que mecías entre tus manos. Mis ojos iban de la sucia barra de madera a mi vaso medio vacío, paseándose en el camino por los escotes que iban y venían frenéticamente sirviendo bebidas.

Te miré un par de veces. Incluso a los ojos. Y una de esas veces tropecé con tu rimel corrido y el carmín carcomido por el borde de tu copa. Tus caderas preguntaron si iría y mis manos respondieron por qué no. Horas después ese rimel manchaba tu almohada, y lo que quedaba de carmín se evaporaba en el aire cargado de esa habitación de hotel.

La soledad es menos sola si comparte sábanas con otra soledad. Mejor ser nosotros una sóla noche, que ser sólo yo otra noche más. Aunque el amanecer nos alcance en calles separadas. A pesar de que el sol guíe nuestras malas sombras a distintas alcobas, de paredes grises y ventanas con vistas al océano desierto de la atestada ciudad. Seamos esta noche lo que no seremos nunca, que un día vendrá la noche eterna con su eterna soledad.



Un saludo.

3 comments:

Fermin said...

Esto es una apología de la promiscuidad... Arderás en el infierno!

Lucía N said...

La última frase me dejó de piedra, qué cierre, qué bonito.

un besito.

Javi said...

Fer... ojalá diera motivos para arder en el infierno!! :P


Gracias Lucía, me alegra mucho que te guste :) Otro beso pa tí!

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