18 December 2009

Sobre sitios fashions

Suelo desayunar a diario en la cafetería sita en mi lugar de trabajo. No es el lugar más elegante del mundo. No sirven el mejor café de los alrededores. Y mucho menos tienen las mejores tostadas. Es un bar normal y corriente, con su barra metálica, su mostrador con bollería, su cafetera ruidosa, sus tiradores de cerveza... Y sobre todo, con dos camareros de los de siempre. De esos que te dan los buenos días, te sirven, y te hablan del tiempo, del partido del Betis, o de los cortes de tráfico por culpa del tranvía. Esos que, cuando eres habitual, te llaman por tu nombre y te preguntan qué tal el día, y nada más asomar por la puerta del bar ya te están preparando "lo de siempre" para tu desayuno. E incluso esos que acaban contándote chistes malos y de muy mal gusto, pero te tienes que reír aunque no quieras.

¿Y a qué viene esto? Pues lo primero es que quería escribir alguna vez sobre Fali y Luis. Y segundo, que el fin de semana pasado estuve en la chocolatería más fashion que he pisado en mi vida, y fue una experiencia.

Al llegar a sitios de esta índole, siempre me sorprendo de los muebles y la decoración. Hay una regla que no suele fallar: cuanto más extrañas sean las luces del sitio en cuestión, más caro es. En este caso, la iluminación consistía en curiosas bombillitas colgadas de largos cables del techo, de tal forma que quedaban justo a la altura de la jeta de los clientes. Así, para hablar con quien tienes al frente, debes hacerlo sorteando tan artístico artilugio.

La segunda clave está en las mesas. En un bar de los de siempre, suelen tener platos de un tamaño normal, colmados de comida, sobre una mesa de un tamaño razonable. Los locales más fashion suelen tener mesas minúsculas en las que albergar unos platos inmensos, en los que se colocan las insignificantes delicatessen con que nos deleitan, allí en el centro, solas y desvalidas, con formas extravagantes y chorreoncillos de líquidos varios dibujando garabatos. Es como si te sirvieran las sobras de la comida del perro, en la única fuente limpia que les quedaba.

Pues bien, en la chocolatería las mesas eran pequeñas, las luces estaban a la altura de los ojos, y el dueño era un cruce entre Victorio, Lucchino y Nacho Duato.

Tras acomodarnos con mucho ademán y mucha pseudo-sonrisilla, procedimos a leer la carta. El día era frío, así que lo que más se nos apetecía era una taza de chocolate calentito, y una conversación agradable. Bien. La conversación estuvo bien. Pero la cara que puso Nacho Lucchino cuando le pedimos chocolate caliente fue de foto, o de cuadro de Picasso, más bien. Manos a la cabeza, y sonrisa sabionda: "¡¡El chocolate nunca se sirve caliente!! ¡¡Pierde el sabor!! Lo suyo es servirlo y que al beberlo se derrita en tu boca, provocando la liberación de los sabores..." En este punto desconecté. Mientras Victorio Duato se lanzaba a una disertación interminable sobre las maravillosas ventajas del chocolate frío, yo sólo podía pensar en una humeante y deliciosa taza de chocolate caliente, alejándose en el horizonte.

Cuando volví al mundo real, el susodicho modisto-chocolatero seguía a lo suyo con no se qué del cacao venezolano. Entonces me asaltó un inquietante pensamiento: "Si forma esto al pedirle una taza de chocolate caliente... ¿qué no habría dicho si le llego a pedir media ración de churros?".

Seguidamente nos ofreció una botella de agua para que no se mezclaran en nuestro paladar los sabores de los distintos chocolates. Según él, nos ofrecía "la mejor agua de España, con la que él elabora los chocolates, por ser de una mineralización especialmente baja... un agua excelente por sus propiedades especiales..." Y justo cuando esperaba que me dijera que era agua del manantial secreto de las montañas nevadas de una sierra perdida de los Apeninos... Justo entonces, es cuando te suelta a bocajarro: "Es agua Bezoya". Y ya ahí por poco no me da un chungo. Perdona, yo pensando en manantiales secretos, ¿y tú has traído ese agua maravillosa del Mercadona de la esquina? ¿Y me la vendes como si fuera el Santo Grial? ¿Agua Bezoya? ¿Que rima con... carpeta? ¿Que es muy buena para... la espalda? ¿Esa agua Bezoya?

Y entonces me dio por mirar a mi alrededor. Los muebles incómodos. La iluminación incómoda. El chocolate frío... Todo parecía hecho para la satisfacción personal de mi amigo Nacho Lucchino. Para el disfrute de su ego. No te sentías a gusto, en un lugar acogedor, sino en una especie de museo en el que el camarero se las daba de artista. Y no me gustó.

Es decir, el chocolate estaba exquisito. Todos los que probamos. Merece la pena ir. Es más, diría que es casi imprescindible ir si se está en Sevilla. Pero no invita a volver. Al menos no a mi. Te vas sintiendo que has probado sabores espectaculares, que has disfrutado de todos y cada uno de los tipos de cacao. Piensas en la experiencia: en lo peculiar del dueño, en la decoración, el ambiente tan chic. Pero no te vas pensando en volver.

Al menos yo no voy a volver por voluntad propia a un sitio en el que siento que lo más importante no es el cliente, sino el producto en sí, y su genial creador. Un lugar diseñado para alabar las excelencias del chef, para engrose de su ya abultado ego, y no para el disfrute y bienestar de los clientes.

Y en mitad de la chocolatería más elegante y exclusiva de Sevilla, me sorprendí pensando en Fali y Luis. En su café chungo, sus tostadas chiclosas y su aceite del Supersol.

Un saludo.

5 comments:

Diana said...

Muy bueno, Javi. Me ha gustado mucho. Al menos yo me he reído ;)

Alhy said...

Como sé que eres friendsmaníaco, he recordado aquel duelo que mantuvieron Phoebe y Monica porque la segunda no quería que la primera cantara en la puerta de su restaurante super chic.

C'est la vie, la carta en los locales es bastante mas amplia de lo que a veces puede parecer. Además de una buena comida, unos piden esnobismo, otros sentirse VIP, otros calidez...
Las expectations de todos los gustos y colores son.
Yo, por ejemplo, me pongo mala si la musica es mala o pachanguera. Se me infla la vena del cuello y todo. Da mierdor verme :)

Gracias por hacerme sonreir. Espero que estes pasando unas buenas pre-Xmas. Yo llevo weeks very sad y le echo la culpa a la falta de luz ;)

Kisses cubiertos de nieve ***

El fontanero del mar said...

me ha gustado mucho tu blog javi, yo estoy poniendo el mío al día, que hacía mucho que no lo tocaba, un abrazo!

El fontanero del mar said...

a mí también me ha hecho mucha ilusión volver a encontrarte después de tanto tiempo y me ha sorprendido mucho que, después de todo ese tiempo, tengamos tantas cosas en común, como los cantautores, somos especie rara los que compartimos esta afición.

El título de mi blog es también el título de mi primer libro, que fue publicado en junio del 2008. A ver si podemos vernos pronto, nos tomamos un café y te regalo mi libro, un abrazo!

El fontanero del mar said...

a eso me refería cuando hablaba de adormecer conciencias, he hablado de la publicidad pero es extensivo a todo lo que el sistema crea con el fin de criar borreguitos.

Me alegra que te sorprendiera gratamente Marwan y vengo con una recomendación de vuelta. El otro día le recomendaste al Muñó Soledad de Jorge Drexler y comentaste con "una de las canciones más tristes pero más bonitas". En ese estilo, para mí, la reina es esta que te recomiendo del gran Paco Bello, para mí esta canción es un techo dentro de la música de amor-desamor

Que la disfrutes

http://www.goear.com/listen/e2398fb/no-sabes-cuanto-te-he-querido-paco-bello

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