05 June 2009

Un café

Se despertó tranquilo. Como esas mañanas en que pones el despertador a las 7:30 y abres los ojos un minuto antes de que suene. Pero no eran las siete de la mañana, ni estaba en su cama, ni lo que le despertó fue el sonido punzante del despertador, sino la voz de un hombre con camisa blanca, chaleco negro y bigote impecable que le pedía, por favor, que abonase la cuenta.

Rebuscó en el bolsillo de su chaqueta y le dio al camarero un billete, indicándole amablemente que se quedara con el cambio. Su voz pronunciando esas palabras le sonó lejana, como si hubieran sido dichas en otra habitación.

Contempló con ojos cansados la factura: un cortado y un ron con limón. Y mientras los sonidos amortiguados que lo rodeaban se iban convirtiendo en ruido desordenado de vasos, conversaciones ininteligibles y carcajadas, se preguntaba qué hacía ese ron con limón impreso en ese papel, si él jamás bebía.

Al instante se vio envuelto en un estruendo ensordecedor, y las imágenes etéreas que danzaban por doquier se hicieron más nítidas a sus ojos, revelando multitud de parroquianos alrededor de mesas, charlando animosamente.

Se preguntó qué hacía allí, y por qué no lograba recordar nada… Tan sólo una luz tenue alejándose en la bruma de una mañana helada.

Decidió dar marcha atrás en sus pensamientos, regresar al último instante que lograra recordar: salió de su trabajo, dejó la maleta en el asiento del copiloto del coche, y se dirigió a su casa. El día había sido duro, lo sabía porque tenía grabada la imagen de sus ojos cansados reflejados en el espejo de cortesía de su coche, mientras un claxon atronaba a sus espaldas porque el semáforo estaba en verde.

Al llegar a su portal, decidió por una vez romper su rutina diaria, y acercarse al bar de la esquina a tomarse un café. Se acomodó en una mesa pequeña junto a la pared, pidió un café y paseó su mirada por el local.

El primer sorbo le supo muy amargo. Como siempre, había olvidado echar el azúcar. Se le escapó una sonrisa mientras pensaba en su ridículo despiste. Y al levantar la vista fue cuando la vio. O ella le vio a él. Jamás sabría decirlo.

El caso es que no podía apartar sus ojos de los de ella. Eran dos abismos negros en los que era inútil resistirse a caer. Ella lo miraba tranquila, confiada, como si hubiese nacido sabiendo exactamente lo que tenía que hacer en cada instante. Ella lo miraba y él no podía hacer otra cosa que reflejar su mirada en esos ojos que parecían traspasarlo de parte a parte.

Ella se acercó a la barra y pidió una copa. Mientras, libre del imán de su mirada, él se veía atrapado por su cuerpo. Su cabello, su espalda, sus piernas… Acariciaba con la mirada cada curva, se perdía en cada recoveco que esa geometría inverosímil le ofrecía.

El café yacía inerte entre sus manos, mientras sus ojos rebosaban vida contemplándola. Rozaba su mejilla, luego se posaba levemente en su cuello, y acababa muriendo en sus hombros, acariciándolos con el pensamiento.
Ella volvió a clavarle la mirada. Esta vez sonreía, mientras se acercaba la copa a su boca. En ese momento, él hubiera dado cualquier cosa por ser uno de los hielos que se bamboleaban en aquellas bellas manos. Hubiera vendido su alma por flotar en el líquido que ella tomaba, por rozar discretamente sus labios, por asomarse a su boca y tratar de encontrar su lengua, derritiéndose en ella. Hubiera dado la misma vida por permanecer en aquella copa, esperando impaciente que ella decida tomar otro sorbo.

No recuerda cuánto tiempo transcurrió hasta que ella se levantó del taburete. Pero revive cada segundo de los pasos cadenciosos que dio acercándose a su mesa, sonriéndole, con los ojos bailando al son de las luces del local, o las luces del local bailando al son de esos ojos. Recuerda su aroma, cuando ella se inclinó y rozó su mejilla. Recuerda la calidez que desprendía aquel aliento embrujado al depositar en su oído las palabras que resonarían para siempre en su mente.

Recuerda su silueta alejarse lentamente, y la mirada de soslayo que le lanzó al llegar al umbral del fin del mundo (¿o era la puerta del bar? ). Recuerda que las manos, que habían estado agarrando la taza de café como si del tronco de un náufrago se tratase, ahora temblaban de forma incontrolada recordando el tacto de aquel rostro, aquella garganta, la humedad de su boca, el sabor de esos besos, el camino recorrido al deslizar sus manos desde sus hombros hasta sus caderas, el calor de sus dientes hundiéndose levemente en el lóbulo de su oreja…

Y ahora permanecía sentado en esa mesa, con el mundo atronando a su alrededor, oyendo una y otra vez, sin descanso, las palabras que ella pronunció a pocos milímetros de distancia, y añorando algo que nunca sucedió.



Saludos.




PD: "No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió" (Joaquín Sabina)

6 comments:

little_gades said...

Menos mal que es una ida de olla. Me ha encantado. Fascinante, y esa puntillita del final aludiendo a Joaquín Sabina muy acertada.

Por cierto, ¿se te gana con tan poquito? Espero que no.
Chaouen es fantástico, estoy esperando que pase por tierras gaditanas para escucharlo en directo. Y de las aventuras del Capitán no sé qué decirte, les tenía un poco de miedo, porque Pérez-Reverte es uno de mis autores preferidos y no quería que se derrumbara el "mito". Supongo que ando gratament sorprendida.

Un beso!

little_gades said...

Jejeje, creo que lo da la tierra, y bueno, Martínez-Ares es mi autor de Carnaval. El único, no creo que haya otro que esté a la altura.

Anotado queda El pintor de batalla.

Te sigo de cerca.

Otro beso.

Azuky said...

Precioso, sin más...

Lucía N said...

Reconstrucción de los hechos:

Veo el titular: café. Me dispongo a calentar uno en el microondas y a leer tu relato. No me imaginé algo tan intenso y bello, sin duda de lo mejor que te he leído.

Se dejan ver matices autobiográficos, tu mirada.

A todos nos encantaría ser esa mujer viva, explosiva y confiada.

Muy bueno Javi, me ha gustado muchísimo (te advierto que más que tu biblia de neón).

Honoris, no me das más que sorpresas.

Un besín.

little_gades said...

Jajaja, pues sí, el Cádizz ganó el sábado un título que ni el Barça ni el Madrid podrán tener en su haber (mucho tendría que cambiar el panorama futbolístico) y para colmo, hace historia siendo el primer equipo de la historia del fútbol español que lo consigue. :)

Un beso y gracias por pasar. :)

Mardenubes said...

Poesía pura... Precioso Javi!!

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