10 July 2012

El laberinto de Creta

Dice la leyenda que en las inmediaciones de la ciudad griega de Creta existía un laberinto creado por un tal Dédalo, cuyo objetivo era mantener encerrado al temible Minotauro, apaciguándolo de vez en cuando con algún sacrificio humano.

No tengo claro dónde se encontraba exactamente Creta en aquel entonces, pero según mi experiencia personal, o Creta estaba situada justo donde ahora está Pisa, o el tal Dédalo se dio un paseo por estos lares e hizo de las suyas. Y me explico:



Esto es lo más aproximado que he encontrado en Internet a lo que podría ser el plano del edificio del CNR donde estoy trabajando aquí en Pisa. Un claro homenaje o recuerdo cariñoso al famoso laberinto de Creta. Es decir, una trampa mortal para el incauto que se interne por sus pasillos.

Suerte que uno se acuerda de esa leyenda del Minotauro, y de cómo el griego Teseo utilizó un hilo para adentrarse en el laberinto, matar al Minotauro, y salir de allí siguiendo el propio hilo. El problema es que las leyendas no curan el despiste y el otro día perdí el hilo, literalmente. 

Así pues, me encontré en mitad de un enjambre de pasillos idénticos que se cruzan mil veces en una sucesión interminable de paredes blancas, suelos grises, esquinas con extintores rojos, papeleras de reciclaje, máquinas de café, ascensores, escaleras, cartelitos que, obviamente, juegan al despiste... En fin, una auténtica locura sin sentido donde, al pasar un cruce de pasillos, te encuentras con salas repletas de matraces, microscopios, gente con mascarilla... Que piensas: "¿Por qué no tengo yo una mascarilla? ¡¡Corre por tu vida!!". Suerte que luego me enteré de que en este mismo edificio hay departamentos de fisiología y guarrerías de esas, junto con un hospital o algo parecido.

Lo bueno es que, tras mis primeras incursiones por el laberinto, aún no me he topado con el Minotauro. Lo malo es que el otro día me encontré una serie de personas un tanto extrañas.

El primero fue un señor mayor que me dejó muy mal cuerpo. Lo encontré apoyado contra una máquina de café, haciendo ruiditos raros y tambaleándose de manera un tanto cómica. Tenía un peinado muy raro, unas gafas de sol enormes e iba vestido de blanco con lentejuelas. Definitivamente, después de una inspección algo más detenida, observé que debía venir del hospital, pues claramente tenía un problema en la cadera. Lo que me inquietó fue lo que oí al pasar a su lado haciéndome el tonto. Fue algo así como: "Lets rock, everybody, lets rock."

Unos metros más adelante vi a una señora de pelo totalmente blanco, labios pintados de rojo chillón, y un vestido corto que, con la edad que debía tener, no le favorecía nada, la verdad. Lo más desagradable fue ver cómo se situaba delante de un ventilador, y dejaba que el aire le subiera la falda hasta unas alturas que no deberían estar permitidas a partir de los 90 años (al menos no sin unas buenas bragas de cuello vuelto, ¡señora!). En fin, que esta señora no parecía tener ningún problema, salvo que repetía constantemente: "Happy birthday, mister president! Happy birthday, mister president! Happy birthday, mister president!"

Con lo último que me topé fue con un tipo altísimo, con unas espaldas bastante prominentes y dos flequillos en la cabeza, que más bien pareciera que tenía cuernos. Aunque a primera vista pudiera parecer amenazante, el chaval estaba en un rincón, llorando medio encogido. Según me contó, aunque este edificio era como su propia casa, llevaba 5 meses buscando un baño y no había manera.

Proseguí mi camino, obviamente, sin hacer caso a esos personajes. Y dejé atrás unas puertas muy extrañas con letreros grabados en ellas con los siguientes mensajes: "Jumanji", "Hogwarts", "Narnia",  "Neverland", "Teruel"...

Al final, estaba tan cansado, que opté por escapar de allí por la salida de emergencia. Pero, ¡Oh, sorpresa! Había miles de puertas etiquetadas como "Salida de emergencia". No puedo explicaros exactamente cómo logré salir de allí, porque perdí la cuenta de las salidas de emergencia que crucé. Sólo puedo deciros que, como por arte de magia, al doblar una esquina encontré a mi compañero de despacho, que venía a buscarme para almorzar. 

Y ese, queridos niños, es el lugar al que voy a trabajar cada mañana. Un laberinto tan intrincado, que ni el propio Minotauro puede encontrarse. Y como yo, cada mañana, decenas de sacrificios humanos entran en el CNR, con la esperanza de librarse un día más de la temible leyenda del laberinto en el cual muchos dejan la vida.

Saludos pisanos.

4 comments:

Pequeña said...

Yo sabía que estabas "colgado"... pero no tanto.
Si estás así con 10 días que llevas ahí, no quiero saber cuando lleves tres meses. Aférrate a la vida, Javi. Te queremos!! Sé fuerte!!

schnaider said...

me dicuenta, a proposito que el hilo que entrega Ariadna a Teseo no tiene la finalidad que parece tener, Ariadna que es toda una araña está enamorada de su hermano el minotauro y ella supone que él saldra con el hilo despues de la gresca entere este par de moustruos (teseo no es perita en dulce). es por esto que cuando teseo la rapta se le escapa en Naxos.
ver:

http://www.youtube.com/watch?v=cKh06ol2mTQ

schnaider said...

cortazar

Javier Ortega said...

Muy buena perspectiva. Como siempre Cortázar un genio. Qué envidia da, y cuánta admiración me despierta a la vez.

¡Gracias por el vídeo!

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