16 May 2012

Titañic: de muvi


Esta historia comienza una soleada mañana de Febrero (los otros once meses nunca me han gustado mucho). Día radiante, con ese sol invernal que calienta los ánimos sin quemarlos. Esa mañana, como digo, estaba Antonio Resines (nuestro Leonardo Di Caprio particular) jugándose al chinchón unos billetes para montar en el famoso Titañic.




Para los que no conozcáis la historia, el Titañic fue en su tiempo la mayor obra de ingeniería económica del mundo, e incluso de Europa. Se trataba de convertir un país empobrecido y aborregado en una suerte de macro-complejo hotelero aborregado. Para ello, al mando de la nave se pusieron unos políticos que capitanearon la nave de forma magistral hasta cumplir su objetivo, bajo el lema: "Ni un palmo de arena de playa sin alicatar".

El proceso de construcción del Titañic fue complejo, no exento de tremendas dificultades. Entre ellas, la creación de un iceberg-burbuja inmobiliaria que algunos catastrofistas vaticinaban, ya en aquel entonces, que podría llegar a ser peligroso. Las carcajadas de los capitanes-políticos del Titañic resonaban en los cuartos de baño de lujo de primera línea de playa. No había ninguna inquietud, ni razón para alarmarse. El iceberg-burbuja era muy pequeño en comparación con el Titañic. Lo único que había que hacer era seguir incrementando el tamaño del Titañic, de forma que el tamaño del iceberg-burbuja siguiera siendo pequeño a su lado.

Además, esas voces de la conciencia colectiva se vieron en seguida acalladas por todos los beneficios que la fabricación de esa inmensa obra logística conllevaban para los pasajeros del Titañic. Todos los sueños parecían estar al alcance de una simple hipoteca, o un sencillo préstamo bancario, o un mero adelanto del salario, o una cómoda tarjeta de crédito. De repente, todos los pasajeros del Titañic necesitaban imperiosamente poseer uno de los camarotes de esa majestuosa obra. No era rentable pagar una alquiler mensual, cuando con una hipoteca de por vida ese maravilloso sueño hecho inmueble podía pertenecer a sus hijos.

Todas las noches, los pasajeros del Titañic, junto con los políticos-capitanes, la famosa orquesta, y todos cuantos participaban de esa vida soñada, salían a cubierta a contemplar las estrellas que perfilaban en el horizonte la silueta suave y acogedora del iceberg-burbuja. Todos admiraban el brillo del iceberg, su forma redondeada, su impresionante tamaño, la belleza del paisaje que éste propiciaba.

By LaBaticaodeAli

Pero como todo sueño, el Titañic no podía ser eterno. Hubo un momento en que el gigante no podía crecer más. El proyecto llegaba a su fin. Todo estaba alicatado, y casi todo el mundo tenía su camarote en propiedad. Y finalmente llegó el iceberg. Un enorme monstruo blanco, redondeado, hermosísimo y gigantesco. Una masa desproporcionada de especulación, mucho más grande de lo que nadie se hubiera imaginado.

El choque fue enorme. Los políticos-capitanes del Titañic no pestañearon. Mantuvieron la sangre fría mientras las vajillas de todos los salones temblaban o incluso se estrellaban en los suelos de gres. Miraron al frente, y comentaron solemnemente: "¿Tú has notado algo? Porque yo no. Habrá sido un delfín desorientado, o una gaviota que ha estornudado en el mástil".

Mientras nuestro Titanic particular (o nuestro Vaporcito del Puerto a esas alturas de la película) se hunde. En esos momentos, la tripulación se preocupa de salvar su cuello, y de que en su exclusivo bote salvavidas quepan todos los miembros de su familia, un calefactor y una bandeja de caviar beluga.

Por su parte, la orquesta-prensa encargada de animar y jalear a la concurrencia, sigue tocando como siempre, como si nunca hubiera existido ningún iceberg-burbuja. Siguen tocando la misma suite adormecedora, con las mismas variaciones, los mismos giros, para que los pasajeros no se alarmen, para que la atención se desvíe de donde no conviene. Entre otras, ofrecen piezas como "La bien pagá (y yo más)", "Mi carro me lo robaron (y yo robé dos)", "El emigrante (ilegal)", "Cuando tú vas, yo vengo de allí (y lo he dejao vacío)", y otros grandes éxitos patrios.

La mayoría de los pasajeros cae bajo los influjos de la orquesta. Otros estaban dormidos antes incluso de que todo comenzase, y aunque despiertan y ven un enorme charco de agua donde antes había unas alpargatas y una alfombra de terciopelo azul, se dan la vuelta y continúan con su serenata particular de ronquidos.

Hay quienes intentan concienciar al resto de pasajeros de lo beneficiosos que son el reiki y el feminismo para salvarse de morir ahogados. O que aprovechan para hacer negocio vendiendo el mismo chaleco salvavidas, pero con la marca Zara o Massimo Dutti, según en qué categoría se encuentre cada pasajero. A quienes les pilló en los comedores, se afanan llenándose los bolsillos y los carrillos de todo cuanto pueden, incluyendo además de comida, tenedores de plata y ceniceros con la marca "Titañic" garabateada en dorado.

Y los que tienen la desgracia de ser perfectamente conscientes de la situación, se llevan las manos a la cabeza sin saber si liarse a hostias con unos o con otros, o si tirarse al agua helada y morir rápidamente para no tener que ver el momento preciso en el que todo se vaya al carajo.





Saludos.




PD: aunque en el pie de foto ya aparece, tengo que agradecer de forma explícita al creador de la obra de arte que engrandece este texto, el Señor Don LaBaticaodeAli. ¡Gracias, Enano!

2 comments:

Pequeña said...

Me encanta ¡¡eres GRANDE!!

Antonio said...

A ti, hombre, a ti.
Muy graciosa la historia. Cuesta creer que esté basada en hechos reales :P.

Post a Comment